Cada narración fantástica suele tener un mundo diferente creado por
su autor. Dentro de ellos existen diferentes atmosferas en las que se
desarrollan. Éstas son: la del terror, la de la fantasía mitológica,
sobrenatural y legendaria, la del futuro científico y utópico, la folclórica y,
por último, la de la brujería.
La atmosfera terrorífica dentro de La noche boca arriba (1956)
de Julio Cortázar (1914 - 1984) nos muestra las características propias dentro
de lo onírico, donde los personajes, - como es el caso del joven de la obra de
Cortázar - tienen sueños y pesadillas. Éstas no están relacionadas con la vida
real. Es una situación confusa y extraña, porque no se sabe si ese “sueño” es
realidad o mentira. En el caso de La noche boca arriba se puede apreciar
como el chico deseoso de despertar de las pesadillas se da cuenta que realmente
esos delirios son una realidad y, en cambio, la situación del hospital era el
sueño.
La fantasía está en estrecha relación con la anterior. Dentro de
ella podemos encontrar tres universos: el primero es aquel creado por los
griegos y su mitología, el segundo es el de lo sobrenatural y, por último, tenemos
las leyendas históricas populares.
Un claro ejemplo de la primera es La Odisea de Homero, cuyas
características son la existencia de un mundo aparte donde conviven dioses,
semidioses y héroes, conjuntamente con otros seres fantásticos, como pueden ser
los centauros, las sirenas o los ciclopes. Por lo tanto, son seres que, como
bien dice su nombre, tienen poderes sobrenaturales que les permiten hacer
magia, como volar entre otras cosas.
